Crónica de la VII Marcha Indígena por la autonomía y la dignidad

Ascensión de Guarayos se encuentra sobre la carretera a Trinidad, aproximadamente a cinco horas de Santa Cruz. Su flamante alcaldesa es una mujer indígena, Elida Urapuca Ariori, quien recibió a los marchistas brindándoles la colaboración de una hermana. Este es el verdadero apoyo que tienen los marchistas, la solidaridad de sus propios pueblos y su capacidad organizativa.

Han creado diversas comisiones que se encargan de recolectar la leña con la cual cocinará cada regional, de la seguridad, la provisión de alimentos, la atención de enfermos, las demandas o la conformación de comisiones para dialogar con el gobierno. Cada regional se encarga de sus marchistas, pero la organización nacional también se preocupa por conseguir alimentos y recursos para continuar.

Vilma Mendoza, Secretaria de Tierra, Territorio y Autonomía de la Confederación Nacional de Mujeres Indígenas de Bolivia- Oriente Chaco Amazonia (CENAMID), de origen mosetén del norte de La Paz, relató las dificultades que encuentran cuando escasean los alimentos, los problemas para conseguir transporte, la ausencia casi total de instituciones de apoyo que no se animan ni siquiera a prestarles vehículos.

Desde febrero de 2010, la CIDOB y sus regionales fueron trabajando con el ministro Carlos Romero en la propuesta de la Ley Marco de Autonomías, habiendo consensuado 50 artículos y restando 13. Entre los temas sobre los que no se logró acuerdo se encuentran los del referéndum para someterse a la autonomía plena versus usos y costumbres, y los límites de las TCOs que traspasan departamentos. La marcha fue decidida el 13 de junio, frente a la imposibilidad de llegar a consensos sobre estos puntos.

Cuando entregaron la resolución de la marcha al ministro Romero, éste solo dijo: “Si ustedes lo deciden así, entonces hagan la marcha, ya han descansado bastante”. La concentración fue fijada para el 17 de junio en Trinidad. Cada regional debía buscar sus recursos y lo mismo cada TCO, lo que impidió la movilización inmediata.

Los primeros en concentrarse fueron los representantes del pueblo guarayo, quienes llegaron puntualmente. Luego arribó la CENAMID e inmediatamente los pandinos de la CIPOAP, la delegación más numerosa de la marcha y una de las más alejadas, al igual que la CIRABO que llegó el domingo. Antes de partir a las 7 de la mañana del lunes, se incorporó el pueblo Tacana.

Marcharon 32 kilómetros hasta la tranca, y al día siguiente hasta Casarave, donde arribó el pueblo Leco de Larecaja y Apolo. Luego se plegaron los representantes del Territorio Isiboro Secure y así sucesivamente el resto de pueblos de tierras bajas. El 29 de junio el Consejo de Ayllus y Markas de Cochabamba emitía un pronunciamiento de solidaridad moral y material a la marcha haciendo suyas las demandas de la CIDOB y CENAMID.

El viernes 2 de julio la mayoría de los marchistas llegó a Guarayos. Ese mismo día hubo un intento de diálogo que no prosperó. El sábado, tres asambleístas a la cabeza de la senadora Gabriela Montaño llegaron al Coliseo donde fueron recibidos con mucha cordialidad. Entonces se estableció el diálogo que derivó en el viaje de una Comisión de la marcha a la ciudad de La Paz, que debe reunirse con la Comisión de la Asamblea Legislativa presidida por la senadora Montaño. Los marchistas permanecerán en Guarayos hasta que retorne la Comisión para informarles y tomar decisiones.

La presidenta de la Comisión Mixta de Organización Territorial y Autonomías de la Asamblea Legislativa, la senadora Gabriela Montaño, se comprometió a trabajar y escuchar con mucho respeto haciendo un esfuerzo similar al de los marchistas. El diputado por Cochabamba Adolfo Mendoza les dijo: “Ustedes son la vanguardia, nosotros la retaguardia, hay cosas del corazón que a veces la razón no entiende y estamos aquí para ponerle el corazón a las demandas legislativas; será un orgullo trabajar nuevamente con ustedes”.

Hay niños en la marcha, solo los pandinos tienen 32. Son presas fáciles de las diarreas y gripes. También hay ancianos y mujeres. Por esto un equipo de médicos y paramédicos que trabajan con las organizaciones indígenas regionales los asiste, pero hacen falta medicamentos, sobre todo sueros y equipos para aplicarlos. Se necesitan fármacos para tratar heridas e infecciones, antigripales, complejos vitamínicos, desinflamantes y antimicóticos, así como algunos antibióticos. Un niño necesita un medicamento contra los parásitos, otros están agripados. Se ven rostros muy tostados por el intenso sol y la deshidratación.

Muchos marchistas no poseen carpas ni frazadas, por lo que es muy duro para ellos acampar a la intemperie. Las chinelas y sandalias se acaban rápidamente, los alimentos escasean y el agua es una de las mayores preocupaciones. Si tuvieran más recursos podrían transportar a los más agotados mientras llegan refuerzos.

La marcha es también un momento de reunión e intercambio entre diferentes pueblos, aunque en condiciones muy duras. Cuando a una diputada le toca cocinar, lo hace muy sencillamente, igual que las dirigentes más experimentadas. El lunes 5 se unieron weenhayek y tapietes de Tarija y el martes llegaron yukis y yuracares, y también videastas indígenas de Ecuador, Perú y Argentina que apoyan en la documentación audiovisual.

Una vez más, la marcha ha demostrado que los pueblos indígenas desde hace tiempo han decidido tomar el futuro en sus manos, con autonomía de organización, con sacrificio, pero fundamentalmente con dignidad. Alguien decía que ya es hora de que el Presidente nos sorprenda y escuche a sus pueblos, también a aquellos de los cuales no es dirigente, porque es el Presidente de todos. Solo así puede comprender que la lucha de un pueblo por su territorio es también la lucha por su dignidad.

* Agrónoma y activista del Foro Boliviano de Medioambiente y Desarrollo (Fobomade).

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