Alberto Acosta y el desafío del post «extractivismo” en la América del sur

Alberto Acosta, economista, presidente de la Asamblea Constituyente y ministro de Energía y Minas de Ecuador, ha publicado recientemente el libro “La Maldición de la Abundancia” en el que a partir de la experiencia ecuatoriana, propone una reflexión profunda acerca del problema crítico que sufren los países ricos en recursos naturales, pero que continúan encadenados a la pobreza. Este libro analiza la realidad de los principales sectores extractivistas en el Ecuador y las razones de empujar una propuesta donde las riquezas naturales de la Amazonía ecuatoriana no se exploten de manera convencional, generándose, en cambio, la necesidad de construir un nuevo modelo de desarrollo en base a la necesidad de alcanzar una economía post extractivista, con el objetivo de enfrentar así los conflictos económicos, sociales y ambientales que se provocan y que en muchos casos traspasan las fronteras y afectan las relaciones de los países.

P. ¿A qué se debe tanta motivación en Sudamérica sobre los temas relacionados con el medio ambiente y el cambio climático? R. En primer lugar yo creo que es muy importante tratar de hacer una lectura detenida de la realidad de cada uno de nuestros países. Nuestros países han sido países orientados al mercado mundial, como productores y exportadores de materias primas. Y no hemos conseguido resolver nuestros problemas, entonces algo no funciona aquí. Ni siquiera en Chile, donde se pueden presentar índices importantes de avance en la reducción de la pobreza, se puede decir que se está constituyendo una base que permita establecer una sociedad equitativa, porque la inequidad en Chile es enorme; y tampoco una base productiva sostenible, porque en Chile casi el 90% de sus exportaciones muestran un país que vende productos primarios con un poco de valor interno o valor agregado. Por eso el primer desafío es leer la realidad y tratar de comprender cuáles fueron los errores cometidos y cómo se pueden corregir.

El segundo punto que me parece fundamental es reconocer las limitaciones que el modelo de mercado empieza a tener ya, en términos del calentamiento global. No podemos seguir siendo países que exportamos la naturaleza, expulsándola y apropiándonos de ella, porque eso va seguir ahondando los problemas derivados de los cambios climáticos, que son cada vez más complicados.

Y un tercer asunto, que es clave, es que aún hay mucho por aprender de otras experiencias. Hay países que lograron responder a sus demandas de desarrollo aprovechando racionalmente de sus recursos naturales. No estoy diciendo que se puedan copiar esas experiencias, pero nos pueden servir de mucho para ver cómo se enfrentaron los temas. Habría que estudiar, por ejemplo, los casos de Suecia, Noruega y Holanda, países que tuvieron recursos primarios y que a partir de su aprovechamiento fueron avanzando en la industrialización de sus economías y en la consolidación de una sociedad equitativa y de un Estado fuerte, vigoroso, capaz de ser el gestor o incluso actor de todo este proceso. Yo creo que se puede aprender mucho de muchos países, pero no se puede copiar nada de ninguno. Esta es una norma de orden.

Me parece básico y fundamental que en Ecuador se está despejando esto como un tema de agenda. No es que esté en marcha un proceso post extractivista o post petrolero, de ninguna manera. Es un proceso de abierta disputa, en el cual hay fuerzas que están impulsando la construcción de un proceso post extractivista y hay otras que están tratando de aferrarse, porque tratan de aferrarse, a esta lógica tradicional de desarrollo en base a una economía extractivista. Yo creo que todavía la mayoría se aferra a esta lógica tradicional. Incluso el Gobierno en su mayoría y el propio Presidente, no logran dar el salto. El Presidente Correa habló mucho de post extractivismo, de una economía post petrolera en un momento, pero ahora no intenta ni siquiera dar ese salto, entonces no hay nada que esperar de Ecuador.

P. ¿Cree que es posible llegar a universalizar la propuesta post-extractivistas? R. No sé si se podría hablar de universalizar la propuesta porque, primero ¿cuál propuesta? La verdad es que ésta no existe porque la estamos construyendo. No veo que haya todavía elementos para universalizar nada. Pero lo que sí creo es que paulatinamente tenemos que ir dando pasos hacia una discusión sobre el concepto mismo de desarrollo, porque no sólo estamos enfrentando temas que tienen que ver con una economía post petrolera.

Hay que dar un paso más allá, hacia una economía post extractivista y empezar a pensar en lógicas del decrecimiento económico. Se pueden resolver los problemas sin incrementar el crecimiento, que representa una mayor presión ambiental, mayores destrozos ambientales y, naturalmente, se debería ir pensando en todo lo que sería el post desarrollo.

Habría que dar un paso hacia lo que Boaventura de Sousa Santos dice, como “acabar con el concepto mismo de desarrollo y repensar la lógica desde otra realidad”. Creo que Bolivia y Ecuador, con sus visiones del Buen Vivir o Vivir Bien, Sumak Kawsay y Suma Qamaña, tienen mucho que decir. Tenemos mucho que aportar, pero sin ninguna pretensión de contar con una receta indiscutible o una propuesta que pueda ser generalizada en todas partes. Si que puede ayudar a ver el mundo de otra manera, primero esa visión diferente tiene que ayudarnos a resolver nuestros problemas

P. ¿Cómo evalúa los esfuerzos para enfrentar el cambio climático en Sudamérica? R.- No ha existido una verdadera voluntad política para una integración regional, en términos amplios y generales. Esa ha sido la tradición y la tragedia de Sudamérica. Hemos hablado de integración, sobre todo en los días de fiesta patria, nos acordamos de nuestros próceres, nos acordamos de Simón Bolívar y de todas las personas que han hablado de la patria grande pero en realidad no hemos dado pasos sustantivos para esa verdadera integración. Se está perdiendo una magnífica oportunidad que existió en los últimos años para que, con gobiernos de corte progresista, se avance más hacia la integración, y ésta no ha sido posible.

Hemos visto como particularmente Brasil y de alguna manera Argentina, han sido copados por los países más grandes. Cuando se los invitó al Grupo de los 20 (G-20), ellos creían que ya habían pasado al rango de “potencias” y perdieron el contacto con sus bases latinoamericanas, con el resto de países latinoamericanos. Ellos (los países grandes) nos dejaron sin las naciones más fuertes y con capacidad de liderazgo, y así vimos que, por ejemplo Brasil, tuvo un papel tristísimo en Copenhague, terminando por negociar con la China, India, Estados Unidos y Sudáfrica los temas de fondo. Esto puso en riesgo la esencia misma de las Naciones Unidas, que es la búsqueda de consensos.

La participación de América Latina en Copenhague fue lamentable, hubo países que trataron de decir algo, como los del ALBA, pero no hubo una propuesta regional, y eso debería ser un mensaje muy claro para todos los países, medianos y pequeños, que deberían consolidar vínculos mucho más estrechos y trabajar en bloque. Si Brasil se desmarca y se distancia de la línea latinoamericana, el resto de países como Venezuela, Colombia, Perú y Ecuador deberían unirse en sus problemas comunes, tener lazos estrechos bilaterales y regionales, como entre Venezuela y Colombia o Perú y Venezuela. Sin embargo, hay muchos problemas y vamos divididos a esos encuentros.

P. ¿Cómo puede enfrentar Sudamérica los desafíos del cambio climático? R.- Hay que tratar de identificar de una manera muy clara y honesta los temas comunes que tienen que ver con el calentamiento global en el Cono Sur y aquellos impactos que estamos recibiendo en América Latina. Ahí habría que preguntarnos ¿de dónde provienen los principales efectos de esos cambios climáticos?, ¿cuáles son las causas?, no sólo los efectos.

Tampoco ver solamente los problemas que se generan en el norte, es decir Estados Unidos o Europa, sino también cuáles son los problemas que estamos generando nosotros. Yo creo que una posición latinoamericana coherente debería exigir rendición de cuentas a los países ricos y a los nuestros sobre qué están haciendo para contribuir al cambio climático.

El presidente Evo Morales habló de un tribunal de justicia climática. La idea es muy buena, tratar de construir una institucionalidad ambiental que luego pueda tener un tribunal de justicia ambiental. Yo creo que esa podría ser una de las propuestas más interesantes, siempre y cuando no sea solo contra los países ricos, sino que también pida cuentas a nuestros países sobre lo que estamos haciendo, también nosotros, para demorar el proceso de deterioro ambiental.

*Rodrigo López Sánchez es ingeniero ambiental con investigaciones en temas de Cambio Climático y sus impactos en Sudamérica.

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