Del “ecologismo de mercado” al “ecosocialismo”

El concepto de “desarrollo sostenible” apareció en la década de los 80 del siglo XX. En 1988, el informe “Nuestro Futuro Común” de la Comisión Mundial del Medio Ambiente y el Desarrollo de Naciones Unidas definió “desarrollo sostenible” como la síntesis de tres objetivos: el crecimiento económico, la equidad social y la conservación ambiental.

Varios tribunales de justicia del mundo adoptaron como uno de sus principios rectores el denominado “desarrollo sostenible”, entendido como la capacidad de los individuos para alcanzar el crecimiento económico y satisfacer sus necesidades presentes, en equilibrio con la naturaleza y sin comprometer la base de recursos para que las generaciones futuras puedan satisfacer las suyas.

La Sala medioambiental de la Corte Internacional de Justicia de La Haya (CIJ), que atiende varias demandas interestatales relacionadas con el medio ambiente desde 1993, en el primer conflicto que dirimió recomendó a las partes “conciliar” el desarrollo económico con la protección del medio ambiente.

Pero conciliar las necesidades económicas y ecológicas en un planeta regido por una dictadura del capital fue prácticamente imposible. Así, los ecologistas liberales fracasaron en su intento de revertir la contaminación ambiental comprando y vendiendo “licencias y derechos” de contaminación en el “mercado de carbono”; y el “desarrollo sostenible” se devaluó rápidamente hasta que una monumental crisis ecológica evidenció su inviabilidad.

“Una de las enseñanzas más difíciles de aceptar del cambio climático es que el modelo económico que impulsa el crecimiento y el concomitante consumo desmedido en las naciones desarrolladas no es sostenible en términos ecológicos. Nuestros supuestos sobre el progreso no podrían enfrentar un desafío mayor que el de armonizar las actividades económicas y el consumo con las realidades ecológicas”, advirtió el Informe de Desarrollo Humano 2007 – 2008 del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

En la actualidad, ya casi nadie toma en serio a los ecologistas fagocitados por el sistema. Es emblemático el caso de la coalición verde de pacifistas, feministas, cristianos, comunistas y ecologistas alemanes, mansos instrumentos del establishment situados a la extrema derecha del SPD de Gerhardt Schröder entre 1998 y 2005.

El ex líder Joschka Fischer fue el primer ministro verde de un estado federal (Hesse) en 1985 y vicecanciller y Ministro de Exteriores a partir de 1998. Ahora viste trajes de Armani y trabaja para BMW y Siemens, mientras que el ex secretario de Estado Rezzo Schlauch es consejero de empresas nucleares, y el ex secretario de Estado Matthias Berninger promociona la imagen de la multinacional Mars en Europa.

Desde Chiapas en 1994 hasta Copenhague en 2009, los pueblos movilizados se convencieron de la necesidad de destruir el mundo capitalista dominado por el mercantilismo, la privatización y el capital transnacional, y ahora buscan una alternativa integral vinculando los argumentos del movimiento ecologista con la crítica marxista de la economía política.

Desde 1999, los lemas del altermundialismo han sido “El mundo no está en venta”, “Globalicemos las resistencias” u “Otro mundo es posible”; y ahora se añaden “El planeta, no el lucro”, “Justicia climática ahora”, “Cambiemos de sistema, no de clima”, “¡No existe un Planeta B!”, dice Gaudichaud Franck, activista del Nuevo Partido Anticapitalista francés y miembro de Rebelion.org.

<em>La ideología eco política abre nuevos horizontes para la recomposición del espacio transformador al introducir la crisis ecológica como eje central de análisis y lucha. Por ejemplo en Francia, el conglomerado de políticos y ecologistas Europe Écologie casi ha superado al Partido Socialista en las últimas elecciones europeas. Este “objeto político no identificado” plantea una pregunta fundamental: ¿la ola verde en las europeas de junio pasado fue un fenómeno temporal o se nos avecina un cambio de liderazgo entre ecologismo y socialdemocracia?

Este “partido-red de la ecología política” es una estructura flexible donde las legitimidades colectivas se mezclan con las legitimidades individuales. De ahí que ha logrado juntar en un dream team a personalidades del panorama político, asociativo, sindicalista, intelectual, etc., desde liberales como Cohn-Bendit hasta antiliberales como José Bové, además de militantes de los Partidos Socialista y Comunista y activistas de Greenpeace.

Afirma Gaudichaud que ante la barbarie neoliberal sólo nos queda auto organizarnos en un gran frente mundial partidario del “ecosocialismo”, una corriente de pensamiento y de acción ecológica que entendió que la lógica del mercado capitalista y de la ganancia y las escorias productivistas –así como el autoritarismo tecnoburocrático de las difuntas “democracias populares”– son incompatibles con la defensa del medio ambiente.</em>

El ecosocialismo reivindica la fuerza esencial del movimiento obrero y sus organizaciones para transformar radicalmente el sistema, y por ello considera que el elemento más importante de la lucha es y será la auto organización colectiva de los de “abajo”.

La declaración ecosocialista presentada en el último Foro Social Mundial de Belem (Brasil) evidencia la radicalización del movimiento, que critica tanto a “la ecología de mercado” como al socialismo productivista que ignoraba el equilibrio de la tierra y sus límites.

El objetivo del ecosocialismo lucha por una economía basada en los valores no monetarios de la justicia social y que conlleve la limitación del crecimiento y un profundo desplazamiento de los criterios económicos cuantitativos a los cualitativos, enfatizando el valor de uso en lugar del valor de cambio. Su objetivo es construir una alternativa radical que detenga y revierta el desastroso proceso de calentamiento global y el ecocidio capitalista.

El movimiento ecosocialista reivindica la adopción de decisiones democráticas en la esfera económica; la definición colectiva de las metas de inversión y producción, y la colectivización de los medios de producción y de los recursos naturales, todos ellos bienes comunes de la humanidad.

Fuentes: Ecopolítica, Coordinadora Verde del proceso de Hondarribia, Rebelión, El Ciudadano de Chile, Kaos en la Red y Bolpress.

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