mosquito
12 Sep
2016

Los “gene drives” o conductores genéticos parecen ser la última tecnología de alto impacto. La Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos publicó un reporte sobre conductores genéticos que comenzó a describir qué
está en juego, pero perdió algunas cuestiones importantes.

Si existe un premio a la controversia tecnológica más veloz del siglo parece que se lo llevan los gene drives. En menos de 18 meses, el concepto (casi de ciencia ficción) de la “reacción mutagénica en cadena” que puede conducir un carácter genético a través de una especie completa (y puede erradicarla también), ha ido de la teoría, a la prueba de principio pública, a las conferencias masivas conocidas como TED talk (aparentemente un requisito importante estos días), a ser tema de un estudio de alto nivel de las Academias Nacionales de Ciencias de Estados Unidos, junto con
los comités, las audiencias, opiniones del público y un lujoso reporte de 216 páginas.

Controversias tecnológicas previas han demorado entre una década y un siglo en lograr ese nivel de atención. ¿Porqué las academias de ciencias se pusieron en modo turbo para publicar su informe sobre los conductores
genéticos? Simple: por el enorme poder político que deriva de esta tecnología.

Lo que un conductor genético hace es simple: asegura que un carácter elegido pase a la siguiente generación y a todas las generaciones posteriores. Esto burla la genética mendeliana, en la que un carácter puede diluirse o perderse a lo largo de las generaciones. El efecto es que el rasgo diseñado se conduce a través de una población entera, re-diseñando no sólo organismos individuales sino reforzando el cambio en cada uno de los descendientes, reconfigurando especies enteras y ecosistemas según se planifique.

Los organismos con conductores genéticos necesitan mucha mayor investigación, aseguran los expertos.

Es un caso perfecto de una tecnología con enorme influencia. Arquímedes dijo “denme una palanca lo suficientemente larga y un punto de apoyo idóneo y podré mover el mundo. Quienes están desarrollando los gene
drives, en efecto dicen: “denme un gene drive y un organismo para ponérselo y puedo eliminar especies, alterar ecosistemas y ocasionar modificaciones en gran escala.” El pionero de los gene drives, Kevin Esvelt dice que los gene drives son “un experimento en el cual si cometes errores, afectas al mundo entero.” No es la primera tecnología con alto poder de influencia. La energía nuclear es un caso similar, y la geoingeniería solar promete cambios globales a partir de intervenciones pequeñas. Los historiadores harían bien en bien en poner atención a lo que el año pasado se llamó “el momento nuclear” de la biología: la posibilidad de detonar “reacciones mutagénicas en cadena”, en analogía a la reacción nuclear en cadena que Enrico Fermi logró hace tres cuartos de siglo. Igual que la reacción nuclear en cadena, iniciar una reacción mutagénica en cadena entraña un poder asombroso sobre el futuro y tiene ramificaciones geopolíticas muy importantes.

Desde una perspectiva evolutiva, un conductor genético podría considerarse tal cual una “bomba genética”: si se la libera en el curso normal de la herencia, aniquila la variación
natural y determina el curso de la evolución de la especie a partir de ese momento y para siempre. Incluso podría aniquilar a la especie completa. Debido a que se distribuye en el ambiente, un conductor genético también ejerce su poder sobre la geografía y puede convertirse en una herramienta para el control de la agricultura, la seguridad alimentaria y los territorios.

¿Tuvo razón la Academia Nacional de Ciencias al apurar al máximo un estudio sobre la política de los conductores genéticos? Por supuesto.

Y sin embargo, al leer el resultado final, Gene Drives on the Horizon, parece que la misma razón que impulsó a los políticos a presionar para que se realizara el reporte, el increíble y problemático poder político que los conductores genéticos entrañan queda inexplicablemente minimizado en el texto. No estamos diciendo que se trata de un mal reporte, incluso tiene pasajes excelentes: toma muy en serio la amenaza a la biodiversidad y advierte decididamente sobre las consecuencias de su liberación en el ambiente.

Dice muchas cosas importantes tanto acerca de la necesidad de evaluación ecológica como de un compromiso público genuino. Incluso se atreve a afirmar que “los resultados del compromiso público pueden ser tan cruciales como los resultados de los procesos científicos para las decisiones que deben tomarse sobre la liberación de organismos modificados con conductores genéticos.”

Y sin embargo con todo eso (y 200 páginas de texto) el reporte de la Academia no logra entregar un estudio político robusto, porque esquiva algunas de las cuestiones más importantes. Sería justo decir que hay al menos cuatro asuntos explosivos a la vista para concernientes a los gene drives: militarización, comercialización, seguridad alimentaria y biodiversidad. El reporte trata solamente el último de esos temas y minimiza o ignora los otros tres.

Porqué no puso atención a temas tan cruciales, es un misterio. El informe de la Academia fue financiado por DARPA, una agencia militar de Estados Unidos) y la Fundación Bill y Melinda Gates. Ambas instituciones han
invertido significativamente en la investigación sobre conductores genéticos. ¿Qué conexión hay?
Enfocar el tema de la militarización debió haber sido obvio. Hay muchos escenarios para la posible conversión de los conductores genéticos en armas, y también hay muchas posibilidades de que ocurran serios efectos no buscados. Imaginemos por un momento que un actor hostil podría hacer que se malogre la cosecha en una isla al introducir calladamente un conductor genético, o que pudiera insertarse un conductor genético dentro de un mosquito y toda su población, para distribuir toxinas. La tecnología del conductor genético de manera rápida e inevitable terminará controlada por actores con poder militar y las decisiones sobre el uso y desarrollo de los gene drives serán determinadas por consideraciones geopolíticas y de seguridad, así como por los intereses comerciales. La misma agencia de la defensa de Estados Unidos (DARPA), que pagó por este estudio de la Academia de Ciencias, ya hizo público que “van con todo” en la investigación y desarrollo de organismos sintéticos “robustos”. Hay buenas
razones para preocuparse.

Por minimizar las preocupaciones sobre el uso bélico de los conductores genéticos, el reporte no llega ni de lejos a recomendar que se involucren dos de los instrumentos de gobernanza internacional más relevantes que necesitarían incluirse en el debate para responder a las amenazas a la seguridad que plantean los conductores genéticos. El tratado ENMOD, (Convención sobre la prohibición de utilizar técnicas de modificación ambiental con fines militares u otros fines hostiles) se negoció para tratar justamente el tipo de modificaciones ambientales intencionales que
los conductores genéticos podrían provocar. La “modificación ambiental” incluye cualquier técnica para la manipulación deliberada de los procesos naturales —la dinámica, composición o estructura de la Tierra, “incluyendo
su biota”— de tal modo que ENMOD puede servir perfectamente para la gobernanza de los conductores genéticos. Por otro lado, la Convención sobre Armas Biológicas ya comenzó a discutir el tema de los conductores genéticos.

El reporte tampoco reconoce los fuertes intereses comerciales que pueden llevar a que los conductores genéticos se utilicen en la agricultura. En este caso, lo intereses comerciales podrían descarrilar la gobernanza precautoria. Hasta ahora, la discusión pública de los conductores genéticos se ha reducido a las especulaciones sobre sus aplicaciones para la salud y la conservación, como por ejemplo la erradicación de los mosquitos que transmiten la malaria.

Sin embargo son las aplicaciones agrícolas las que eventualmente podrían dominar. El comité de la Academia de Ciencias de Estados Unidos consideró sólo un estudio de caso agrícola, el de una amarantácea alterada con
conductores genéticos para volverse susceptible al herbicida Roundup, pero no consideró el que una aplicación como ésta podría aumentar a todas luces el monopolio agrícola de Monsanto, el fabricante del Roundup, y cómo su
uso transformaría la agricultura y los sistemas alimentarios. El reporte  sí enfatiza que si la amarantácea fuera extinguida en América del Norte por un conductor genético, inadvertidamente podría terminar reduciendo las
cosechas de su pariente, un tipo de amaranto que es alimento principal en otras partes de América (en México y más al sur).

Esta falta de consideración de las implicaciones de los conductores genéticos para la seguridad alimentaria constituye un hueco muy significativo, puesto que la solicitud de patente sobre la aplicación de los conductores genéticos, que es crucial y ya está publicada, la tiene la Universidad de Harvard e incluye una larga lista de más de 50 “malezas” y casi 200 herbicidas para los que la tecnología podría utilizarse, lo que abre el camino a que se hagan análisis de rentabilidad por licenciamiento de patente a las empresas de agroquímicos. Ni Harvard ni otra entidad privada deben tener el poder para dar licencias de uso a las empresas privadas de esta tecnología de alto impacto. Idealmente, cualquier propiedad intelectual relacionada con los conductores genéticos debe someterse a la supervisión de un organismo internacional neutral bajo la gobernanza multilateral de Naciones Unidas. Ello sería análogo a los pasos dados por los gobiernos para controlar la propiedad intelectual en torno a las tecnologías.

El reporte de la Academia establece correctamente que “un conductor genético no conoce fronteras políticas” e identifica al Convenio sobre Diversidad Biológica (CDB) y sus protocolos como los organismos internacionales de gobernanza que deben tratar la cuestión de los conductores genéticos (las tres instancias que no menciona son ENMOD, la Convención sobre Armas Biológicas y el Comité sobre Seguridad Alimentaria de la ONU).

Este debate tiene que trasladarse rápidamente a esos espacios internacionales. En Cancún en Diciembre de 2016 los 194 países que son parte del CDB tomarán decisiones sobre la gobernanza de la biología sintética durante la 13ava conferencia de las Partes (COP 13). Los conductores genéticos son biología sintética y deben incluirse en las
discusiones. Por lo menos el CDB debe tomar nota de este reporte de la Academia de Ciencias y también de los comentarios críticos sobre los conductores genéticos hechos por su propio Grupo de Expertos Técnicos sobre Biología Sintética, con el fin de acordar una moratoria internacional sobre la liberación de los conductores genéticos. Con suerte, esta sería la recomendación clave, que estaría en línea con la propia recomendación de la Academia de Ciencias, en el sentido de que “ hay evidencia insuficiente para respaldar la liberación en el ambiente de los
conductores genéticos.” ¿Podrían los conductores genéticos pasar de la prueba de principio a una decisión de Naciones Unidas en menos de dos años? Esa sería gobernanza receptiva.

Por Jim Thomas / Director de programas en el Grupo ETC.

Fuente:
https://www.theguardian.com/science/political-science/2016/jun/09/the-national-academies-gene-drive-study-has-ignored-important-and-obvious-issues

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