22 Abr
2015

La Cumbre Agropecuaria “Sembrando Bolivia” convocada para tomar acciones que garanticen la soberanía alimentaria en vistas de la caída del precio del petróleo,  es un encuentro del agronegocio con instituciones del Estado para hablar de biodiesel, etanol y transgénicos y no asi de garantizar alimentos seguros y de calidad para la población boliviana.

En todas las mesas de trabajo instaladas desde el día de ayer 21 de abril, se trata  los aspectos que garantizarán la expansión de la frontera agrícola principalmente con caña de azúcar y resolver el problema del bajo precio en el mercado internacional de la soya, que según los productores argentinos la hacen inviable económicamente. Para esto se trabaja en un acuerdo de aprobación de transgénicos, incluido caña, seguridad jurídica para los latifundistas, garantizar la exportación irrestricta de sus productos, créditos y por si el negocio va mal, garantizar su uso en el mercado interno. Todo esto conlleva la modificación de un paquete de normas que incluye la Constitución Política.

La estrategia diseñada por el senador Carlos Romero, organizador de la Cumbre es la “regionalización”, pero más que territorial, económica. Para el pequeño productor que no quiere transgénicos, está la cooperativa o la asociación,

-como despectivamente se refiere-, y alguna oferta monetaria seguramente parecida al Fondo Indígena. Para el agronegocio, la innovación técnológica,- léase caña, soya  y maíz transgénicos, todos resistentes a herbicidas; la agricultura satelital, -léase: fumigaciones aéreas o fumigar a todos-, la garantía de la posesión del latifundio eliminando el cumplimiento de la función económica social establecida en la normativa vigente y la exportación irrestricta de lo que produzcan. Además claro, de aprobar la deforestación o expansión de la frontera agrícola a ritmos nunca vistos, como “estrategia de desarrollo rural”. Recordemos que  la tasa de  deforestación en Santa Cruz es una de las mayores del mundo, sino la mayor actualmente.

Brasil es el principal productor de caña de azúcar y ha liberado la caña transgénica, cultivo sobre el cual  investiga la incorporación de resistencia e herbicidas desde hace diez años. También es uno de los mayores productores de etanol para consumo interno y para exportación. Por tanto se  trata de negocios brasileños, tomando en cuenta la aseveración del actual viceministro de Planificación quien sostiene que el 40%, -es decir la mayor parte de la tierra cruceña- está en manos del agronegocio brasileño. Y no en vano el senador Romero decía el 2011, cuando se debatía la Ley de Revolución Productiva Comunitaria, que el mismo lideró, que quería copiar el modelo paraguayo, que ha dejado sin bosques al  vecino país y por el que el agronegocio brasileño controla la producción agrícola en Paraguay, con trasngénicos, fumigaciones y expulsión campesina e indígena. De lo que se trata es de entregar las mejores tierras productivas a los negocios del capital corporativo brasileño e internacional. La Monsanto es la dueña de las patentes de caña transgénica.

No es una Cumbre para hablar de alimentos y menos de alimentos seguros, sino de negocios: tierras, agrocombustibles y transgénicos. En el día de la Madre Tierra defendamos la Vida.

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