02 Oct
2013

Los riegos de una represa en Cachuela Esperanza

Los riesgos de una represa en Cachuela Esperanza

Desde los años 80 existe el proyecto de generar energía en el río Beni, pero lo que en un proncipio no fue mas que una central hidroeléctrica de 30 a 60 megavatios (MW), con el tiempo se convirtió en un monstruo capaz de generar de 800 a 980 megavatios. Este proyecto forma parte de la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional en Sudamérica (IIRSA), específicamente del proyecto Complejo Madera, que consta de cuatro hidroeléctricas en total: Jirau y Santo Antonio, dos represas que ya fueron construidas sobre el río Madera en territorio brasileño; Riberao, también sobre el río Madera en aguas binacionales, que podría ser construida en los próximos años y, finalmente, Cachuela Esperanza.

Desde 2008, el antiguo sueño de los 80 parece estar a punto de hacerse realidad. Ese año la Empresa Nacional de Electricidad (ENDE) firmó un contrato con la empresa canadiense Tecsult International Limitee para realizar el estudio de factibilidad y diseño final de la hidroeléctrica de Cachuela Esperanza de entre 800 y 980 MW, cuyo costo de construcción supera los 2.000 millones de dólares. Pero después de una aparente interrupción del contrato con Tecsult, en 2012, ENDE firmó un memorándum de entendimiento con la empresa china Sinohydro para optimizar el estudio que había realizado Tecsult.

NO SE VIVE DEL AIRE

“Se dice que con la represa van a inundar Cachuela Esperanza. Parece que va a haber una parte que se va a inundar, pero la parte histórica, donde estuvo asentado el barón de la goma, no se va afectar”, señala José Alexander Guzmán, alcalde de Guayaramerín, población que se encuentra a cerca de 50 kilómetros de Cachuela Esperanza . “Sabemos que el estudio está terminado. Hay algunos ambientalistas que se ponen en contra, pero no podemos oponernos al desarrollo”.

El alcalde recuerda el Guayaramerín de su infancia, cuando aun no había losetas y el suelo todavía estaba cubierto de tierra colorada. “Era tan bonito y todos éramos como familia. Pero una vez que se abrió la carretera hacia La Paz, llegó el desarrollo y hubo un aumento del narcotráfico, del robo y la delincuencia. No se puede luchar contra eso. Se puede mitigar, pero lastimosamente los ambientalistas se cierran. Es como la Amazonía; los extranjeros nos piden que la conservemos, pero si no hacemos un desarrollo controlado y sostenible, pero si no hacemos un desarrollo controlado y sostenible, solo vamos a producir oxigeno y nos vamos a morir de hambre. Con Cachuela sí se van a afectar los peces y las poblaciones que están a lo largo del río Beni; algunas ya van a estar con agua permanente. Pero si hacemos un equilibrio entre el favorecernos e impactar, creo que más nos vamos a favorecer”, sostiene con optimismo.

Algunas autoridades de la zona, como el alcalde Guzmán, cuentan además con la construcción que Bolivia podría obtener compensaciones por parte de Brasil por los impactos ambientales que causará en territorio boliviano. Con ambas represas, según el alcalde, al pueblo de Cachuela le espera un futuro prometedor. “Como parte de la compensación, vamos a pedir la restauración del pueblo. Hay algunos inmuebles que prácticamente se están cayendo. Con recursos municipales es imposible hacerlo. Hay mucha historia que vender en Cachuela Esperanza y, después de contar con la hidroeléctrica, también se generaría turismo: hay unas hermosas cachuelas que se descubren a partir de agosto, tenemos la ruta de la siringa y tenemos Villa Bella, donde confluyen el río Mamoré y el río Beni para formar el Madera”; comenta. ¿La belleza de las cachuelas aún se podrá apreciar cuando se construya la represa?, pregunta Página Siete. “¡Claro que sí!”, responde el alcalde.

Una de las condiciones de ENDE a la empresa Tecsult en la elaboración del proyecto es la preservación del pueblo, debido a su valor patrimonial e histórico para Bolivia; el proyecto también debía evitar que se inunde Riberalta.

Estas limitaciones, sin embargo, impiden que la represa se construya sobre las cachuelas, sitio sobre el cual debería ubicarse la hidroeléctrica para aprovechar la caída del agua en la generación de energía. Así, el proyecto plantea ubicar la represa río arriba, aunque en términos técnicos sea una opción de menor ventaja. El ingeniero hidraúlico Jorge Molina explica que para generar la misma cantidad de energía, sin aprovechar la caída de la cachuela, se debe inundar un terreno mucho mayor del que se inundaría si se aprovecha la caída de la cachuela.

“La curva de remanso se extiende mucho más. Una represa eleva el nivel del agua, pero ese efecto no está limitado al sitio de la represa, sino que se extiende aguas arriba. Esto significa que, al haber niveles de agua por encima de los naturales, se empieza a inundar un área que antes no se inundaba. Con la opción que han elegido, ellos pretenden inundar 690 kilómetros cuadrados. Es un costo ambiental y económico mayor. Los riesgos son mucho mayores. Si bien Cachuela Esperanza se preserva con esta opción, el nivel del agua junto a Riberalta llegaría mucho más arriba que si hubiesen tomado la opción primera”. En otras palabras: con la primera opción se inunda Cachuela Esperanza; con la segunda se da una mayor elevación en el nivel del agua, se extiende lacurva de remanso y se incrementan los riesgos de inundación para Riberalta.

“La hidroeléctrica de Jirau en territorio brasileño tiene una potencia de 3.750 megavatios e inunda 108 km cuadrados. Santo Antonio inunda 271 km cuadrados y genera 3.580 megavatios”, apunta Juan Carlos Guzmán, de CEDLA. Vale decir que para generar una cantidad de energía mucho menor que las represas construidas en Brasil, Bolivia inundaría un territorio mucho más extenso, lo cual implica costos más altos para un beneficio más bien bajo.

Otro punto que pone en duda la construcción de la hidroeléctrica es que el ciclaje eléctrico de Bolivia es de 50 Hz y el de Brasil es de 60 Hz, lo cual implica la necesidad de una subestación de conversión, que estaría a cargo de Bolivia, un costo adicional que no se encuentra incluido en el proyecto, al igual que las líneas de transmisión que deben llevar la energía, por lo menos hasta la frontera con Brasil, así como a los otros puntos en Bolivia. “Eso implica otros 500 mil dólares más”, afirma Jorge Molina.

SEDIMENTO

Otra preocupación de ingenieros y ambientalistas es que el río Beni transporta grandes cantidades de sedimento que acortan la vida de una hidroeléctrica como la que se proyecta. Los sedimentos acumulados en la represa de Cachuela Esperanza posibilitarían un lapso de vida más largo de las represas de Jirau y Santo Antonio. Más que un fuente de energía, Cachuela Esperanza sería un desarenador para los proyectos hidroeléctricos recién instalados por el Brasil. “Los ríos son grandes transportadores de sedimento. Los sedimentos se van acumulando en las represas que empiezan a perder capacidad útil. El sedimento está compuesto por limos, por arcillas, por arenas. La arena funciona como lija para las turbinas. La represa de mas arriba se constituye en un desarenador para la represa de más abajo”, afirma Juan Carlos Guzmán.

Según los datos obtenidos por Página Siete, la empresa Tecsult no entregó un estudio ambiental completo para el proyecto de Cachuela Esperanza. Pero los impactos son previsibles. Tanto las represas del bulbo o las de cañadón son megaemisoras de gases de efecto invernadero. Y a esas represas las quieren vender como energía limpia”, sostiene Marco Octavio Ribera, de Lidema. Cuando se inundan grandes superficies de un territorio que está cubierto de vegetación, esta se pudre en el agua y emite gases altamente tóxicos como el metano. Pero esta es solo una de las posibles consecuencias.

Bolivia es el mayor exportador de castaña en el mundo y los efectos sobre los recursos naturales son inciertos. “Se van a ver afectados los bosques ribereños y los peces. No sabemos que es lo que va a pasar, estamos en total incertidumbre. Alguna gente cree que va a tener dinero, trabajo, pero la energía por sí misma no trae desarrollo”, dice Wálter Justiniano, habitante de Guayaramerin y consultor especializado en temas ambientales.

Marco Octavio Ribera señala que el hecho de que la represa no sea construida sobre la cachuela no necesariamente significa que el pueblo vaya a ser afectado. Afirma que lo que se puede ver en el caso de las represas de Jirau y Santo Antonio es que hay áreas que supuestamente no deberían haber sido afectadas y que ahora está empezando a erosionarse debido la fuerza con la que el agua sale del ciclo de las represas. “Por el efecto de la erosión de barrancas, el correntón que sale de la boca de las esclusa se podría llevar al pueblo entero”, advierte.

PROSTITUCIÓN, MALARIA Y CONFORT

Con la construcción de una mega hidroeléctrica proliferan enfermedades como la malaria. En los ríos de la Amazonía es común la extracción de oro artesanal y clandestina. Según explica Madalena Cavalcante, investigadora, catedrática de la Universidad de Rondonia y coordinadora del Laboratorio de Gestión y Planeamiento Ambiental, los trabajos de construcción de las represas tienden a remover el mercurio, un metal toxico en extremo, usado en la extracción aurífera que se deposita en el fondo del río, como ya ocurrió en Brasil. Comunidades enteras suelen ser afectadas en sus  cultivos; algunas inclusive podrían ver dañado su hábitat por la subida del nivel de las aguas, al punto de tener que abandornarlo.

José Alexander Guzmán, alcalde de Guayaramerin, fue invitado a Jirau el año pasado. Allí conoció el complejo urbanístico de Nueva Mutún, al que fueron trasladados los pobladores cuyo hábitat se perdió por la represa de Jirau. “Han construido una urbanización con todos los servicios. Da envidia ver eso, nosotros queremos algo así acá , que nuestras poblaciones que sean afectadas sean compensadas y que recuperen sus fuentes de ingreso”, dice.

Nueva Mutún es un complejo moderno con canchas, colegios, espacios verdes. Sin embargo, María Madalena Cavalcante sostiene que un gran numero de personas y familias incluidas en este plan de vivienda no fueron capaces de adaptarse a las nuevas condiciones de vida, muy diferentes a las que ellos estaban habituados. “Se intervino la vida y la cultura de la gente, una cultura que es común a los pueblos de la Amazonía y que va más allá de las fronteras de cada país”, comenta.

“¿Y por qué si a mí me gusta vivir bajo el motacú me van a llevar a otra parte? No me voy a aclimatar, aunque me digan: “Mirá que hermosa esta casita”, enfatiza Francisco Hilcha, del pueblo indígena cavineño y secretario de tierras y recursos naturales de la Tierra Comunitaria de Origen Multietnico II que, entre otras, representa comunidades que habitan en la ribera del río Beni y que se encuentra muy preocupado por las posibles consecuencias de la represa de Cachuela Esperanza. También Margarita Salas, perteneciente al pueblo tacana y secretaria de Comunicación del Multiétnico  II, expresa la alarma de los pueblos indígenas de la ribera. “Para nosotros ha sido como un balde de agua fría”, expresa. “Sí así nomas, cuando no ha pasado nada vivimos la inundación. Cada tres o cuatro años el río inunda el territorio indígena multiétnico. En tiempo de inundación los arroyos se llenan, no tenemos agua potable, tomamos agua sucia, perdemos nuestros sembradíos, vienen las enfermedades, se pierden los animales silvestres”.

Los efectos e impactos de una represa como las se ha proyectado en Cachuela Esperanza  no son del todo previsibles, ni siquiera para los técnicos que la proyectan. “Con la represa de Jirau hubo un derrumbe, se cayeron viviendas donde no se esperaba que suceda”, cuenta María Madalena Cavalcante y refiere que los impactos socioeconómicos de la construcción de una hidroeléctrica de esta magnitud son inmensas. “Antes de la construcción de la represa suben de precio los inmuebles del lugar. Mas adelante se genera un movimiento económico muy grande, miles de personas llegan al lugar para trabajar, a veces son sus familias”, dice. “Se incrementan el narcotráfico, la prostitución ,la criminalidad y la malaria. Una vez que las obras concluyen, la mayor parte de la gente que vino vuelve a irse y las cosas…ya nunca vuelven a ser como antes”, acota.

“El año pasado hemos ido a un encuentro amazónico en Cobija. Cómo lloraban nuestros hermanos brasileños, diciendo que ellos han sido sacados de sus tierras por la hidroeléctrica. Acá tenemos a los ese ejjas, que son nómadas, ahora de repente están asi los indígenas del Brasil, como consecuencia de la hidroeléctrica. Nuestro territorio esta solo a 100 kilometros en línea recta de Cachuela Esperanza y como no se van a inundar si están aquí cerca y mas las que están sobre el rio Beni”.

“Lo mas aconsejable para estas pequeñas necesidades nacionales son varias represas pequeñas. Los viejos proyectos de hacer tomas, conducir el agua a una central y de ahí generar energía siempre van a ser factibles e incluso hay proyectos sin central”, dice Patricia Molina. La alternativa que propone es la misma que sugieren varios analistas y expertos. Las necesidades locales se podrían cubrir con proyectos a menor escala y con un impacto ambiental ínfimo.

POTENCIAL IGNORADO

Es el alcalde de Riberalta quien al parecer tiene mayores datos: “La última información, que no es oficial, es que el proyecto va a tener un rediseño y que, de inicio, no sería una represa de 900 megavatios, sino mas bien que habrá unas turbinas de crecimiento”, dice.

La empresa Sinohydro, en cuyas manos al parecer estará la construcción de la represa de Cachuela Esperanza, también se encuentra construyendo la megarrepresa de Coca Codo Sinclair, en Ecuador. Los reclamos y problemas que esta compañía esta teniendo en Ecuador son innumerables. “Tanto en el tema legal, laboral, de contrataciones y también en lo que se refiere al tema medioambiental; parece que han desviado cursos de ríos con malos estudios de impacto ambiental. Sinohydro ha tenido muchos problemas en Ecuador”, señala Marco Octavio, de Lidema.

“Ambientalmente, Cachuela no va, es una barbaridad. Los efectos de Cachuela fácilmente se van a sentir en Rurrenabaque”, afirma Juan Carlos Guzmán, del CEDLA. Pero mientras Bolivia gasta dinero en estudios y proyectos poco factibles, el verdadero potencial de Cachuela Esperanza, el turismo, se ignora como si se tratara de un trasto viejo en inservible.

El presente reportaje se realizó gracias al apoyo del Instituto Prensa y Sociedad (IPYS).

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